La vergonzosa masacre de cetáceos de las islas Faroe

La caza de cetáceos está prohibida en todo el territorio europeo, con la única excepción de las islas danesas de Faroe. Estas decidieron permanecer fuera de la Unión Europea cuando Dinamarca se unió en 1973, alegando lo siguiente: “Los faroenses no están interesados en someterse a las políticas pesqueras comunes de Europa”. Y bien que lo aprovechan, pues el pasado domingo 12 de Septiembre asesinaron a 1428 delfines del Atlántico en la playa de Skalabotnur, Eysturoy.

En promedio, la tradicional caza de ballenas y delfines de las islas Faroe se cobra unas 900 vidas de ballenas piloto y delfines del Atlántico al año, siendo esta cantidad aproximadamente el 1% de la población total de los primeros, y el 0.1% de la población total de los segundos. La escandalosa cifra de esta temporada no encuentra su igual en ningún otro año dentro del registro reciente, siendo los 430 delfines asesinados en 2013 en Hvalba la más cercana. Hay que remontarse a 1940 para toparse con el anterior récord, 1200 delfines. La magnitud de este genocidio animal ha sido tal que hasta los propios perpetradores han admitido que sus intenciones iniciales eran menos ambiciosas, y algunos permanecen, presuntamente, en estado de shock.

En otra patética muestra de tribalismo humano, los delfines, una vez forzados a quedar varados en la arena, son acuchillados uno a uno por el confundido grupo de salvajes que deciden participar en la masacre. Algunos delfines han de esperar varios agonizantes minutos, viendo a sus familiares morir ante ellos, hasta que se les da el toque de gracia. Esta crueldad extrema se justifica porque cualquier método más compasivo entraría en conflicto con la forma en que esta actividad se ha venido practicando desde hace 1200 años.

Año tras año, el activismo se presenta tímidamente en las playas para gravar esta despreciable orgia de violencia, y no son raros los casos en que estos acaban arrestados por la armada danesa, imagino que bajo cargos de compasión intencionada o de exceso de raciocinio. Entre las críticas más famosas se encuentran el libro del fotógrafo faroense Regin W. Dalsgaard, titulado Two minutes, haciendo referencia al tiempo que un delfín permaneció varado antes de ser asesinado, y el documental Seaspiracy, donde la cacería de ballenas piloto quedó retratada de principio a fin.

Preguntarse por que esta práctica se sigue produciendo, esperando una respuesta lógica, es un ejercicio fútil. Dado que en ningún otro lugar de Europa se requiere de esta obvia e innecesaria obscenidad, los que quieren conservarla suelen argumentar aludiendo a las características únicas de la geografía de la zona y a las peculiaridades genéticas de los habitantes.

El argumento más típico usado por los defensores de la tradición consiste en señalar la escasez de tierras arables de las islas, en torno al 2% de su superficie, como justificación a la matanza de animales para su consumo. No sorprende que el veganismo no sea una opción que consideren, pero sí lo hace el hecho de que no parecen siquiera considerar alternativas obvias y ubicuas como la importación de alimentos o los invernaderos locales.

El otro argumento recurrente apela a la salud de las personas. Entre los 50.000 habitantes de las islas, se reporta que 1 de cada 1000 sufre de una enfermedad genética conocida como déficit de carnitina, un amino ácido presente en alimentos grasos como los aguacates, las semillas de lino, la leche de coco, las nueces y, efectivamente, la carne de cetáceo. Es irónico que se use la salud como justificación para mutilar a centenares de seres sintientes en una playa, mientras las autoridades sanitarias llevan años avisando de las peligrosas cantidades de mercurio que su carne contiene, volviéndola casi incomestible. Los faroenses han de aclararse en este aspecto.

No sorprende que, al parecer, la gran mayoría de personas estén emocionalmente de acuerdo con lo que expreso en este post, a pesar de que muchos de ellos deciden perpetrar una industria cuyos métodos de explotación animal superan con creces a los de la sanguinaria tradición danesa. Aun así, en esta instancia, el especismo llega a ser comprensible, pues estamos hablando de la matanza de unos animales cuya inteligencia es difícil de exagerar. De hecho, algunas zonas del neocórtex del cerebro de muchos cetáceos tienen más convoluciones cerebrales que en el caso de los humanos, las que se relacionan con el procesamiento de las emociones y la empatía. Sin entrar en el debate de si Moby Dick pudo ser más inteligente que el capitán Ahab, está claro que estos hallazgos tienen implicaciones éticas importantes.

Ante la presión mediática internacional, el primer ministro de las Islas Faroe, Bárður á Steig Nielsen, consiguió la asombrosa hazaña de empeorar aún más la percepción extranjera de sus criticadas prácticas. Anunció, a través de una nota oficial publicada el 16 de septiembre, que su gobierno “ha decidido iniciar una evaluación de la regulación sobre la captura de delfines de flancos blancos”. La declaración oficial es bochornosa des de un punto de vista del bienestar animal. No contiene disculpas ni reconocimientos de responsabilidad ética, y solo parece indicar que en el futuro evitarán espectáculos como el de la matanza del pasado domingo.

De hecho, el comunicado aclara que el gobierno de las Islas Faroe podría estar estudiando la prohibición de matanzas de delfines de flancos blancos sin que ello suponga ningún cambio en la caza de ballenas piloto, pues, como su nombre bien indica, los delfines nunca han formado parte de la tradicional caza de ballenas de estas tierras. Estas declaraciones no son solo moralmente inaceptables, sino técnicamente incorrectas. Escapa a la razón que crean que las criticas internacionales desaparecerán si el rojo de las playas pertenece a ballenas piloto y no a delfines de flancos blancos. Pero aún peor, las ballenas piloto, Globicephala melas, son delfines y no ballenas, pues ambas especies pertenecen a la familia Delphinidae.

En resumen, la caza de ballenas y delfines de las islas Faroe, aún cuando fue necesaria en su momento, hoy en día es practicada por una población dentro del país que goza del mayor ingreso per cápita de toda Europa. Asimismo, el sustento filosófico y político de dicha actividad sufre de una falta de rigor inaudita. Ante esto, queda claro que los faroenses no tienen ninguna excusa ni necesidad de, anualmente, teñir una playa entera de rojo con la sangre de estas extraordinariamente inteligentes y dóciles criaturas, con el inútil fin de alimentarse de sus tóxicos cuerpos mutilados. No sé qué es lo que se va a necesitar para que cese esta irracional e inaceptable barbarie, pero no he podido quedarme callado al respecto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: