Carta abierta a Frank Cuesta

Querido Frank:

Gracias por todo. Llevo años siguiendo tu labor como defensor de los animales, tanto en la televisión como en Youtube, y el mero gesto de intentar expresar en palabras el respeto y admiración que siento hacia ti demuestra la propia imposibilidad de hacerlo. Fue esta la razón de mi decepción cuando recientemente escuché algunas de tus opiniones. Con esta carta, vengo a ofrecerte el punto de vista de alguien que, como tú, se preocupa enormemente por el bienestar animal, conoce lo aterradora e implacable que es la naturaleza, y es consciente de la explotación animal que acarrean nuestras acciones cotidianas, y todo sin nunca haber pisado una selva.

Mi nombre es Daniel, tengo 24 años y siempre he vivido en Barcelona. Me considero animalista, ecologista y vegano, aunque siempre consciente de que atribuirse etiquetas de forma categórica suele conllevar pérdidas de precisión. No tengo estudios en ningun ámbito relacionado con los animales (me especializo en estadística y ciencia de datos), pero poseo conocimientos sobre biología y zoología adquiridos de forma autodidacta. Además, convivo con un perro y varios reptiles des de que me alcanza la memoria, aunque no interactúo con animales salvajes de manera frecuente. Soy, literalmente, la encarnación de todo lo que te motiva a autodenominarte ‘anti-animalista’. El único requisito que no cumplo, es el de sentirme en lo más mínimo ofendido por tu estilo retórico habitual, el cual valoro por su autenticidad. Soy plenamente consciente de que a estas alturas de la carta empiezo a resultarte pedante e irrelevante (Además de compartir tu amor por los animales, también comparto tu misantropía), así que iré al grano.

No soy veterinario, y no pretendo comentar sobre aquello que tú sabes y yo no. Sin embargo, tú no eres filósofo, y muchos de tus argumentos lo constatan. Por supuesto, la habilidad para razonar no requiere de un grado en filosofía, pero demuestras soberbia cuando pretendes desmantelar posiciones filosóficas bien establecidas con aserciones superfluas y, en muchos casos, capciosas. De nuevo, no quiero aburrirte con pedantería terminológica, pero creo que exponer algunas definiciones y nombrar unas pocas falacias en tus argumentos puede ayudar a estructurar mejor mi crítica.

El animalismo no es más que un movimiento que propugna la defensa de los derechos animales. Que lo propugnen jóvenes intelectualmente inmaduros e histéricos, dice tanto del razonamiento que fundamenta el movimiento como la existencia de médicos anti-vacunas dice de la medicina. Por otro lado, ser vegano implica encarnar el compromiso de minimizar el sufrimiento animal mientras hacerlo sea factible, no en condenar el consumo de productos animales en cualquier circunstancia. Es decir, el veganismo es contextual. Ningún vegano debería de proponer que tribus indígenas en ciertas partes del mundo se alimenten únicamente de aquello de lo que no disponen. En sociedades desarrolladas, imposiciones sanitarias, así como restricciones alérgicas, o el coste relativo de opciones vegetales en ciertos estratos sociales, pueden constituir casos de excepción. Pero por lo general, nadie en Barcelona debería de consumir productos animales, pues es trivialmente fácil para la mayoría acceder a productos veganos en supermercados, elegir otra cosa del menú de un restaurante o leer la etiqueta de un cosmético con atención. Al fin y al cabo, sin demanda no hay negocio, ¿No?

La falacia que más abunda en las opiniones que has expresado es la falacia naturalista consistente en afirmar que aquello que es natural, es por ende bueno, o éticamente correcto. En varias ocasiones has declarado que es natural para el humano comer animales, o que es natural para los animales vivir aterrorizados o morir en condiciones miserables. Ambas observaciones son tan ciertas como irrelevantes a la hora de determinar si comer animales es ético, o si el sufrimiento animal en la naturaleza es un bien intrínseco. Como bien sabes, la naturaleza es atroz, pero los humanos tenemos la capacidad intelectual para alzarnos sobre la tiranía de nuestra herencia evolutiva y evitar actuar conforme lo que es natural, si consideramos que no se alinea con aquello que, mediante el razonamiento moral, concluimos que es correcto.

El fatalismo también permea muchas de tus opiniones. A menudo haces hincapié en las muertes animales en carreteras, por cableados eléctricos o por turbinas eólicas, aspirando a destacar la hipocresía que subyace en las prédicas de activistas. Estas muertes accidentales son un punto bien traído en muchos contextos, pero no refutan en lo más mínimo el mensaje animalista ni ponen en duda su honestidad intelectual. En primer lugar, hay una gran diferencia entre sufrimiento accidental y sufrimiento intencionado, la cual espero que puedas apreciar. En segundo lugar, nadie puede prescindir del uso de carreteras, aviones, electricidad o internet, si aspira a participar y a promover cambios en la sociedad actual. A la gran mayoría de animalistas, poco nos preocupa elevar nuestra virtud moral al máximo estándar concebible, o aleccionar a los que no comparten nuestras convicciones, en tanto como nos importa modificar el statu quo para que cualquier instancia de sufrimiento animal intencionado e innecesario cese. Emanciparse completamente de la sociedad actual puede ser la forma más eficaz de practicar un estilo de vida consistente con unos ideales animalistas y ecologistas, pero también es la forma menos eficaz de tratar de propiciar cambios de pensamiento y conducta en una sociedad donde la consideración del bienestar animal brilla por su ausencia.

Por otro lado, sueles acusar a animalistas y veganos de hablar mucho y hacer poco, asegurando que serían de más utilidad si toda la energía que invierten en las redes sociales la enfocaran en salvar animales directamente como haces tú. Sin embargo, la interconectividad de la sociedad actual juega en tu contra en este aspecto. Algo tan simple como adoptar un estilo de vida vegano, en tanto como sea posible, procurando que las razones que motivaron dicha decisión sean sabidas y escuchadas por amigos y relativos, tiene el potencial para salvar más vidas animales de las que tú puedas llegar a salvar en el santuario. Es una simple cuestión de números. Al año mueren más de 70 billones de animales terrestres y trillones de animales marinos como consecuencia de la ingesta de productos animales. Se ha llegado a calcular que una dieta vegana salva de media a 1 de estos animales al día. Imaginando que una persona convence a otras 3 de ser veganas y a otras muchas de reducir su consumo de carne, la cifra ascendería a los miles de animales al año. Esto son cifras subestimadas, pues no tienen en cuenta la pérdida de fauna salvaje propiciada por la industria cárnica y pesquera. Por supuesto uno puede hacerse vegano y, a su vez, construir un refugio para animales, pues no son mutuamente excluyentes. Al final, es fácil confundir la gratificación de salvar animales de forma directa y tangible, con la realidad objetiva de que, en términos absolutos, el impacto es mucho menor. El boicot y la dialéctica son formas más escalables de promocionar ideas y conductas en el mundo moderno, y se vuelven especialmente relevantes cuando se trata del bienestar animal, pues los animales no tienen abogados, ¿No?

En resumen, tus críticas al animalismo y, sobre todo, al veganismo, son por lo general un increíble hombre de paja. Soy plenamente consciente de que muchos animales sufren y mueren como consecuencia de la antropización del medio, y de que todos nos beneficiamos de ello. Sin embargo, no es hipócrita tratar de incidir en aquello en lo que tenemos capacidad de elección. Mientras que no podemos escoger entre una carretera normal y una libre de sufrimiento animal, sí podemos escoger entre una hamburguesa de ternera y una de quinoa. De la misma forma, no tiene sentido no usar carreteras, ni tener móviles o internet, si aspiramos a que nuestras ideas lleguen a más personas y tengan, por tanto, algún impacto relevante en el mundo. Que se llame radicales a aquellos que no quieren financiar el maltrato animal es sugerente. La radicalidad del discurso vegano solo es un reflejo de la radicalidad de lo que se les hace a los animales para satisfacer instancias concretas y reemplazables de placer humano. y evidentemente, habrá gilipollas en todos lados, pero criticar un movimiento filosófico por sus componentes, es falaz. Además, ten por seguro que tanto tú como yo, tenemos que lidiar con sufrimiento animal injustificado mucho más a menudo de lo que tú y cualquiera tiene que lidiar con veganos quejándose al respecto.

En el último podcast de Jordi Wild hablaste sobre experimentación animal. Según entendí, tu argumento es que aquel que no esté de acuerdo con esta práctica es idiota, pues gracias a la violencia perpetrada sobre los animales sujetos de experimentación, hoy disfrutamos de una esperanza de vida superior y de vacunas cuando son necesarias. Sinceramente, no soy capaz de entender las razones detrás de tu indignación colérica. Opinar que no deberíamos de someter a seres sintientes a semejantes prácticas por el bien de la salud humana cuando existen mejores alternativas, no es una idiotez. Hablando categóricamente sobre temas que ignoras, pecas de nuevo de lo que criticaste. Es sabido que la experimentación animal esta cada vez más obsoleta, a nivel económico, científico y moral. Evidentemente, los animales son un peor modelo de estudio para la salud humana que los humanos. Entre las alternativas, encontramos el uso de tejido humano, cultivo de células humanas, avances en modelización y simulación por computadora y estudios con voluntarios humanos. Todos ellos han demostrado mejores resultados que la experimentación con animales en muchos contextos. Al final, los investigadores siempre han trabajado de la misma forma, y cambiar el sistema llevará tiempo. Ante la falta de alternativas actuales, no hay hipocresía en vacunarse, siempre y cuando aceptemos que el sistema actual ha de cambiar drásticamente para poder cumplir con un mínimo rigor ético.

En tus comentarios sobre la experimentación animal, como en muchas otras ocasiones, adoleces de apelar a las emociones y a la naturaleza humana. Afirmar que estoy priorizando la vida de un ratón a la de mi abuela si no consiento la experimentación animal no tiene ningún rigor argumental ni aporta nada a la discusión.  Por otro lado, es cierto que a los humanos nos importa más la muerte de un niño delante nuestro que la de 100 niños en otro continente. Aunque sea subjetivamente cierta, esta intuición es puramente irracional, y lo racional seria tratar de corregirla. Por supuesto, no es un argumento válido para sostener que la empatía que muchos decimos sentir por animales con los que no interactuamos directamente es falsa. La empatía es una capacidad que se puede inspeccionar, es decir, es posible pensar sobre las razones por las cuales la sentimos o deberíamos sentirla. Aunque sea incapaz de empatizar con cerdos en una granja de Texas, soy capaz de comprender que debería de sentir empatía por ellos, pues la distancia geográfica difícilmente es un factor relevante a la hora de sopesar su sufrimiento. Como consecuencia, en un ejercicio de meta-empatía, lo racional es actuar como si sintiera esa empatía.

Con esta carta no pretendo empezar una discusión filosófica contigo. Sé que tienes cosas mucho más importantes a hacer, y que simplemente dices aquello que te viene a la cabeza, sin pelos en la lengua. Sin embargo, cerrándote en banda al animalismo, creo que estás privándote de una forma de entender nuestra relación con los animales mucho más acorde a tus ideales (como espero haber demostrado con mis incesantes insinuaciones). Dada tu enorme influencia, y dada la tendencia de muchos a evitar la sofisticación y a quedarse con unas pocas frases pegadizas pronunciadas por alguien a quien respetan, tus opiniones podrían estar perjudicando a muchos animales. Evidentemente eres libre de opinar lo que te dé la gana, así como eres libre de promover la disonancia cognitiva en tus oyentes. Honestamente, solo deseo ver un mundo donde las personas valoran a los animales por los individuos que son, así como tú y yo sabemos hacerlo. Creo que en sociedades desarrolladas, donde siendo realistas, pocos van a construir un santuario como el tuyo, lo mejor que se puede hacer es abogar por un estilo de vida vegano y por unos ideales animalistas y ecologistas. Ten por seguro que he pasado más tiempo pensando sobre estos temas que la mayoría. Con esto en mente, considera por un momento la posibilidad de que yo esté en lo cierto, y de que tus intuiciones actuales estén sesgadas por la preconcepción que tienes sobre formas alternativas de defender a los animales. Siempre habrá fanatismo, y el veganismo efectivamente tiene un problema importante de relaciones públicas, razón de más para tener voces como la tuya apoyando sus cimientos filosóficos abiertamente.

Espero que encuentres oportunos el tono y contenido de la carta, y que encuentres el momento y la paciencia para leerla con detenimiento.

Saludos a tí y a tu familia, humana y no-humana.

Daniel

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